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Carta a Helena ( El ahogao)

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  Domingo, 25 de octubre de 2025 Querida hermana: Te cuento que ayer vi a mamá sentada en el chinchorro, mirando hacia la cocina con un cubierto entre los dedos, que hacía las veces de un habano. No le dije nada ni me le acerqué, mientras me preguntaba: —¿Qué estará maquinando esta vez? Me senté a la mesa y, mientras sacaba mis cuadernos de la mochila, inevitablemente mi mirada me instaba a verla. Hasta que no me quedó más remedio que preguntarle: —¿Algo pasa, que yo no sepa? Ella, sin mirarme, simulando llevarse el tabaco a la boca, hizo una pausa y mientras exhalaba el humo imaginario, dijo en tono profundo y con la mirada puesta en la entrada de la cocina: — Hija, acaba de pasar lo impensable. Hizo otra pausa —típica de ella, para conservar el misterio—. Como vio que no pregunté más, continuó seria, diciendo: —¿Sabes? Por fin tuve la oportunidad de deshacerme de mi mayor enemigo: — ¡El ratón! — dijo casi sin emoción.  Abrí los ojos, expresando sorpresa. —¿Ajá? ¿...

Mis vecinos: Los del Penthouse

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En estos días que estaba en el patio de los chinchorros, escuché un gran alboroto por encima de mi cabeza. Plumas, paja y hierbita seca volaban de un lado a otro. Enseguida me pregunté: — Hombe, ¿qué estará pasando allá arriba? No solo era la botadera de vainas pa’l piso, sino el piar intenso de un pajarillo que, por su porte, delataba su abolengo. Pertenecía nada más y nada menos a la distinguida familia de los Troglodytes aedon, conocida en los bajos fondos como “cucaracheros”, pajarito común. — ¿Qué tendrá tan alterado al susodicho? Me quedé callada —como chismosa de barrio sin licencia— solo observando, intentando leer en su lenguaje corporal qué lo tenía tan agitado. ¿Por qué tantas groserías, de echar todo al precipicio sin medir consecuencias?  ¡Me estaba ensuciando todo el piso con su desparpajo! “Tan chiquito y tan bravucón”, pensé. Mas, por su movimiento inquietante y su colita respingada, asumí en mi sano juicio: — ¿Y qué tal si no se trataba de un pajarito,...

El Refugio De Las hadas

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Hoy, lunes al fin inicia el receso escolar. Mamá está cortando el monte del patio, mientras yo preparo el desayuno. Noto que va limpiando con destreza la maleza, pero en cuanto llega a una parte donde el monte se detiene para dar paso a unas ramas rojas con flores blancas —casi imperceptibles— ella la bordea o se devuelve con la guadaña y corta por otros lados, evitando meterla por esa parte. De pronto oigo que me llama: —Susana, ven pa’cá, y mira esto. Me señala las ramas rojas con las mínimas florecillas blancas. —Esto que ves aquí —dice— es una cúpula. —¿Una cúpula? —pregunto. —Sí, mira bien: está en forma de atmósfera, cubre esta parte del jardín como una cúpula… ¿Sabes lo que significa eso? No era necesario preguntarle nada, porque igual ella me daría sus razones. Y así fue: —Aquí yace una guarida para hadas. Fíjate: si intento meter la mano o cortar con la guadaña, se enreda, y tengo que sacarla de inmediato. “Ay, va otra vez”, pensé. Mamá, con su imaginación a mil. E...

Con Derecho A Inquilinato

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"Como Pedro por su casa" Origen del Dicho La explicación más extendida sobre el origen de " Como Pedro por su casa" se remonta a la figura de "Pedro I de Aragón y Navarra", conocido como Pedro el Batallador (1068-1134). Este rey fue un gran conquistador y estratega militar del siglo XI y principios del XII, que expandió considerablemente los territorios de Aragón y Navarra. Se dice que era sumamente "audaz y valiente" y que entraba en las ciudades o territorios enemigos con tanta facilidad y aplomo como si fueran los suyos propios. Su destreza para tomar plazas fuertes y su desparpajo al moverse por cualquier lugar, sin mostrar temor, habrían dado origen a la expresión que hoy usamos. Así, la frase se consolidó para referirse a cualquiera que actúa con esa misma desinhibición y sentido de pertenencia en un espacio ajeno.                    *************** Hace meses, cuando llegamos a esta casa, mamá se encontró con que la cocina...

Si me vieras

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Si me vieras hoy, mamá, seguro estarías orgullosa de mí. El arroz por fin me está quedando bien. Llevo cuatro días haciéndolo de la misma forma y me ha salido igual a como lo hacías tú. Te cuento que el agua llegó temprano, antes de las seis. Aproveché para llenar los pipotes, la alberca y las poncheras. También cepillé el piso con agua y jabón. No sé si te conté, pero el piso aquí es rústico; un trapero no es suficiente, hay que pasarle con cepillo y jabón y pegarle la manguera si es preciso. El baño lo dejé casi que inmaculado. Por otro lado, tuve que lavar las cortinas, que se habían llenado de polvo y hormigas. Fregué todos los chocoros; hasta los que no estaban sucios los lavé, eso por si acaso. Mamá, si me vieras ahorita, aunque fuera por un huequito, te darías cuenta de cuánto he crecido. Creo que estoy cerca de ser la mujer que todo hombre espera tener: hacendosa, humilde, dedicada a su hogar y conforme. Ahora sí, mamá: soy la mujer que tú no esperabas que fuera, pe...

Héroe de mierda

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Esta historia que les voy a contar no me pasó a mí, sino al amigo de un amigo. Ese amigo se llamaba Juan Camilo Arismendi Peñaloza, quien, junto a su hermanita Iris Mar del Valle (Arismendi Peñaloza), fue enviado a un pueblo recóndito, tan recóndito que decían que fue ahí donde el diablo olvidó los calzones. En la casa a la que llegaron vivía una dulce abuela con aspecto de bruja, junto a Chaney, su fiel y chandoso perro, muchas gallinas, varios puercos y un pavo odioso llamado Paco, quien solía disfrutar verlos correr llenos de espanto, temiendo que les zampara un picotazo en el cogote. Ahora bien, la abuela no era cualquier abuela; era una prima de su abuela paterna, quien se llamaba Rosa Amelia, pero a quien cariñosamente llamaban Nine por ser la mayor de nueve hermanos. Nine vivía sola desde hacía mucho rato; nunca se casó y menos tuvo hijos. Así que se quedó con la casa de sus difuntos padres, con el consentimiento de sus ocho hermanos. De ahí que siempre iba un señor ...

Febrero

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Para las hijas del sol: Mis hijas, porque lo que para cada una fue su primer aliento, para mí es un renacer que ocurre cada   Febrero . Y Dios dijo: “¡Sea la luz!” ¡Oh… pero esa luz! Un frío desconocido me envuelve. ¿Qué está sucediendo? Me expreso con una fuerza que no sabía que poseía; brota desde mi pequeño pecho, asciende por mi garganta y estalla al salir de mi boca. ¿Será esto… el llanto? Mis pulmones se llenan de algo, algo que me da fuerza. ¡Wow… qué sensación tan fantástica! ¿Será esto respirar? ¿Habré entrado en una nueva órbita? Oh… vaya… mmm… es extraño, no se siente igual. Allí, de donde vengo, lo recibía a través de una manguera. Por cierto… ¿dónde está? ¿Cómo voy a respirar? Seguiré llorando, a ver si logro llamar la atención. Pero noto que, aunque elevo mi voz, nada ni nadie se altera. Al contrario… escucho voces armoniosas, murmurando muy cerca. Incluso una melodía. No suena mal, aunque sí un poco fuerte. Todo lo percibo con demasía: los aromas, los sonidos...